La Vanguardia – Más de 160 artistas devuelven su antiguo brillo a la cuna del cristianismo

Alba Villén. Belén, 20 abr (EFE).- Un equipo de 160 personas trabaja en la restauración de la Iglesia de la Natividad, cuna del cristianismo, para devolver la belleza a una obra cultural y religiosa que ha crecido absorbiendo la herencia de las distintas civilizaciones.

Sesenta y tres organizaciones se esmeran desde septiembre de 2013 en la restauración de la Natividad en Belén, un lugar que originalmente data del año 327, cuando el emperador Constantino y su madre, Santa Helena, ordenaron la construcción del templo sobre el lugar donde la tradición marca el nacimiento de Jesús.

En 2012, la iglesia -considerada la más antigua de Tierra Santa- se convirtió en el primer lugar de Palestina declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, pero de inmediato fue colocado en el listado de aquellos sitios arqueológicos en peligro por las filtraciones de agua que soportaba en su techumbre.

La restauración alcanza ahora su tercera fase dedicada a la recuperación de mosaicos -que plasman diferentes episodios de la vida de Jesús-, el revestimiento de los muros internos y renovación de las fachadas de piedra, cuenta a Efe Giammarco Piacenti, restaurador y presidente de Piacenti, organización ejecutora del proyecto.

En la primera etapa de la renovación en Belén se repararon las ventanas y el techo, y en la segunda se restituyó el Narthex -entrada principal de la Basílica-, y la puerta oriental, donde ahora se puede contemplar la marquetería original.

La recuperación de la techumbre, fase completada en marzo de 2015, supone uno de los logros más visibles del proyecto, ya que la lluvia se había filtrado a lo largo de los siglos provocando graves daños y amenazando con perjudicar el valioso legado artístico de su interior, ahora a salvo.

Para sacar adelante la rehabilitación se creó el Comité Presidencial Palestino para la Restauración de la Iglesia de la Natividad, que contó con el beneplácito de las tres iglesias responsables de la custodia del lugar santo: la ortodoxa griega, la apostólica armenia y la católica.

La Basílica, una de las iglesias más antiguas del estilo bizantino, ha vivido ya dos grandes renovaciones a lo largo de su historia, una en 1478 de manos de los franciscanos, y otra en 1670 por parte de la iglesia ortodoxa.

La más reciente se hizo hace 150 años, aunque consistió en una restauración mínima, puntualiza Piacenti.

Expertos italianos en remodelado pictórico limpian hoy con meticulosidad un mosaico de ángeles. Las piedras trabajadas recobran la viveza y luminosidad arrebatada por el tiempo y contrastan con la opacidad de lo que aún no se ha recuperado.

Para restauradores como Silvio Sciortino, esto no es simplemente una tarea. “Me siento totalmente honrado, tenemos mucha suerte de trabajar en un lugar como éste”, expresa.

El equipo cree que lo más importante es preservar la huella del tiempo, “los restauradores están sensibilizados con la conservación del patrimonio, esta iglesia ha evolucionado con la civilización, ha crecido con la gente, y eso se está plasmado”, señala a Efe Stephane Milovitch, franciscano encargado de la revisión de las obras.

Numerosos turistas y peregrinos llegados de todas partes del mundo son obligados a hacer una genuflexión para poder acceder por la diminuta entrada de la Basílica y encontrar hoy un espacio lleno de andamios y paneles blancos que tapan parte de los muros.

Visitantes como Cecilia Sandroni, procedente de Holanda, respaldan que el lugar santo recupere su fulgor y considera a Efe que “es difícil encontrar un lugar en restauración, normalmente se cierran al público y aquí puedes ver cómo están trabajando”.

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